La cocina rumana se apoya en el maíz más que en el pan de trigo, en las alubias y los guisantes secos, en el aceite de girasol y en tres aromas que aparecen en todas partes: cebolla, eneldo y ajedrea. La mamaliga, sémola de maíz cocida en agua con sal y removida largo rato, sustituye al pan en la mesa y acompaña casi todo. Las verduras de verano no se comen solo frescas: se asan a la llama, se pelan y se pican, como en la ensalada rumana de berenjena, donde la piel quemada aporta un ahumado que el horno nunca da.

El calendario explica lo demás. Los ayunos ortodoxos prohíben carne, leche y huevos durante casi medio año, y cada plato corriente tiene su versión magra. Por eso se envasa lo que aguanta: la zacusca de pimientos asados y berenjena se prepara en cantidad cada otoño, la fasole batuta bate las alubias blancas en un puré coronado de cebolla dorada, y los sarmale de setas cambian el relleno de cerdo por arroz, setas y hojas de col fermentada.

Las recetas

En resumen

Lo que dice este catálogo
MedidaValor
Recetas del sitio5
De las cuales veganas4
De las cuales sin gluten5
La más rápidaMămăligă, 35 min

Estas recetas vuelven a menudo a los mismos productos: berenjena.

En otros lugares de Europa: Italia, Grecia, Francia, España, Ucrania, Polonia, Portugal, Hungría, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Rusia, Noruega.