La cocina polaca sin carne se sostiene sobre la patata, la harina de trigo, la remolacha y la col, ligadas con mantequilla, manteca o aceite y con algún lácteo ácido: nata espesa, leche fermentada, requesón. La acidez es una técnica y no un adorno: el barszcz czerwony saca su sabor de un jugo de remolacha fermentado, y el chlodnik convierte esa misma remolacha en sopa fría con leche fermentada, rabanito y eneldo. Los aromas son pocos y recurrentes: eneldo, mejorana, comino, semilla de amapola, cebolla pochada.

Una comida clásica encadena una sopa y luego un plato de harina o de patata. Los pierogi de patata ocupan ese segundo lugar: masa fina, relleno de puré y requesón, hervidos y a menudo pasados por la sartén con cebolla. Los kopytka siguen la misma lógica, ñoquis de patata servidos lisos bajo una cucharada de nata. Los placki ziemniaczane muestran la tercera vía: patata cruda rallada y frita en tortitas, comida salada con nata o dulce con azúcar. Nada de esto necesitó nunca carne.

Las recetas

En resumen

Lo que dice este catálogo
MedidaValor
Recetas del sitio5
De las cuales veganas2
De las cuales sin gluten1
La más rápidaChłodnik, 30 min

Estas recetas vuelven a menudo a los mismos productos: patatas, remolacha.

En otros lugares de Europa: Italia, Grecia, Francia, España, Ucrania, Portugal, Rumanía, Hungría, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Rusia, Noruega.